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México -Pablo Neruda
MÉXICO, de mar a mar te
viví, traspasado
por tu férreo color,
trepando montes
sobre los que aparecen
monasterios
llenos de espinas,
el ruido venenoso
de la
ciudad,
los dientes solapados
del pululante poetiso, y
sobre
las hojas de los muertos
y las gradas
que construyó el
silencio irreductible,
como muñones de un amor
leproso,
el esplendor mojado de
las ruinas.
Pero del
acre campamento, huraño
sudor, lanzas de granos
amarillos,
sube la agricultura
colectiva
repartiendo los panes de
la patria.
Otras veces calcáreas
cordilleras
interrumpieron mi camino,
formas
de los ametrallados
ventisqueros
que despedazan la
corteza oscura
de la piel mexicana, y
los caballos
que cruzan como el beso
de la pólvora
bajo las patriarcales
arboledas.
Aquellos que borraron
bravamente
la
frontera
del predio y entregaron
la tierra conquistada
por la sangre
entre los olvidados
herederos,
también aquellos dedos
dolorosos
anudados al sur de las
raíces
la minuciosa máscara
tejieron,
poblaron de floral
juguetería
y de fuego textil el
territorio.
No supe qué amé más,
si la excavada
antigüedad de rostros
que guardaron
la intensidad de piedras
implacables,
o la rosa creciente,
construida
por una
mano
ayer ensangrentada.
Y así de tierra a
tierra fui tocando
el barro americano, mi
estatura,
y subió por mis venas el
olvido
recostado en el
tiempo,
hasta que un día
estremeció mi boca su
lenguaje.
¡Qué
feliz es la suerte de la
vestal sin tacha!
Olvidarse del mundo, por
el mundo olvidada.
¡Eterno
resplandor de la mente
sin mancha!
Cada
rezo aceptado, cada
antojo vencido.
Extracto del
poema Eloisa to
Abelard del poeta
inglés Alexander Pope.
Defensa de la Alegria -
Mario Benedetti
Defender la alegría como
una trinchera
defenderla del escándalo
y la rutina
de la miseria y los
miserables
de las ausencias
transitorias
y las definitivas
defender la alegría como
un principio
defenderla del pasmo y
las pesadillas
de los neutrales y de
los neutrones
de las dulces infamias
y los graves
diagnósticos
defender la alegría como
una bandera
defenderla del rayo y la
melancolía
de los ingenuos y de los
canallas
de la retórica y los
paros cardiacos
de las endemias y las
academias
defender la alegría como
un destino
defenderla del fuego y
de los bomberos
de los suicidas y los
homicidas
de las vacaciones y del
agobio
de la obligación de
estar alegres
defender la alegría como
una certeza
defenderla del óxido y
la roña
de la famosa pátina del
tiempo
del relente y del
oportunismo
de los proxenetas de la
risa
defender la alegría como
un derecho
defenderla de dios y del
invierno
de las mayúsculas y de
la muerte
de los apellidos y las
lástimas
del azar
y también de la alegría.
Corazón Coraza
-Mario Benedetti
Porque te tengo y no
porque te pienso
porque la noche está
de ojos abiertos
porque la noche pasa
y digo amor
porque has venido a
recoger tu imagen
y eres mejor que
todas tus imágenes
porque eres linda
desde el pie hasta
el alma
porque eres buena
desde el alma a mí
porque te escondes
dulce en el orgullo
pequeña y dulce
corazón coraza
porque eres mía
porque no eres mía
porque te miro y
muero
y peor que muero
si no te miro amor
si no te miro
porque tú siempre
existes dondequiera
pero existes mejor
donde te quiero
porque tu boca es
sangre
y tienes frío
tengo que amarte
amor
tengo que amarte
aunque esta herida
duela como dos
aunque te busque y
no te encuentre
y aunque
la noche pase y yo
te tenga
y no.
Desiderata
-Max
Ehrmann
Camina plácidamente
entre el ruido y la
prisa,
y recuerda la paz que
puede hallarse en el
silencio.
Vive en buenos términos
con todos, cuanto puedas,
sin rendirte.
Expresa tu verdad
tranquila y claramente.
Escucha a los demás,
incluso a los aburridos e
ignorantes;
ellos también tienen su
propia historia.
Evita las personas
ruidosas y agresivas,
son vejaciones al
espíritu.
Si te comparas con otros,
puedes volverte vanidoso
y amargo;
ya que siempre habrá
personas superiores e
inferiores a ti.
Disfruta de tus logros,
así como de tus planes.
Mantén el interés en tu
propia carrera, aunque
sea humilde.
Es una
verdadera posesión en
las cambiantes fortunas
del tiempo.
Sé precavido en tus
negocios, ya que el
mundo está lleno de
trampas,
pero no rehuses la
virtud que pueda existir.
Muchos luchan por
alcanzar altos ideales
y, en todas partes,
la vida está llena de
heroísmo.
Sé tu mismo. Sobretodo,
no finjas afectos.
Tampoco seas cínico
respecto al amor,
ya que por encima de toda
aridez y desencanto, el
amor es perenne como la
hierba.
Acepta mansamente el
consejo de los años,
y renuncia gallardamente
a las cosas de la
juventud.
Nutre tu fuerza
espiritual para que te
proteja en la desgracia
repentina.
Pero no te angusties con
fantasmas.
Muchos
temores nacen de la
fatiga y la soledad.
Sé amable contigo mismo.
Tú eres una criatura del
Universo,
no menos que los árboles
y las estrellas, tú
tienes derecho a estar
aquí.
Y, te resulte evidente o
no, sin duda el Universo
se desenvuelve como debe.
Por lo tanto, manténte
en paz con Dios, de
cualquier modo que lo
concibas. Cualesquiera
sean tus trabajos y
aspiraciones,
mantén paz en tu alma en
medio de la confusión.
Con todas sus faltas y
sueños quebrantados,
éste sigue siendo un
mundo hermoso.
Sé cuidadoso.
Esfuérzate por ser feliz.
Te Acordarás un Día
-
José Angel Buesa
Te acordaras un día de
aquel amante extraño
que te besó en la frente
para no hacerte daño.
Aquel que iba en la
sombra con la mano vacía
porque te quiso tanto...
que no te lo decía.
Aquel amante loco... que
era como un amigo,
y que se fue con otra...
para soñar contigo.
Te acordarás un día de
aquel extraño amante.
Profesor de horas lentas
con alma de estudiante.
Aquel hombre lejano...
que volvió del olvido
solo para quererte...
como a nadie ha querido.
Aquel que fue ceniza de
todas las hogueras
y te cubrió de rosas sin
que tu lo supieras.
Te acordarás un día del
hombre indiferente
que en las tardes de
lluvia te besaba en la
frente.
Viajero silencioso de
las noches de estío
que miraba tus ojos,
como quien mira un río.
Te acordaras un día de
aquel hombre lejano
del que más te ha
querido... porque te
quiso en vano.
Quizás así de pronto...
te acordarás un día
de aquel hombre que a
veces callaba y sonreía.
Tu rosal preferido se
secara en el huerto
como para decirte que
aquel hombre se ha
muerto.
Y el andará en la sombra
con su sonrisa triste.
Y únicamente entonces
sabrás que lo quisiste.
CANCION DE LOS REMOS -
José Angel Buesa
Quizás olvidaremos, pues
siempre hay que olvidar;
pero escucha los remos
cantando sobre el mar...
Bajo este cielo claro
tu alma llega a la mía,
como la luz de un faro
desde la lejanía.
Así como la espuma
pasará este momento,
nuestra ilusión se
esfuma, como la espuma
al viento;
pero en el alma sola,
si un gran amor la llena,
hay algo de la ola y hay
algo de la arena.
Náufrago de
su espanto, piloto de su
hastío,
el mar canta en su canto
que ya tu amor es mío.
Yo soy la vela rota
que da al aire su duelo,
y tú eres la gaviota que
va a estrenar su vuelo.
Pero aún quedan
futuros que yo
desconocía
en tus ojos oscuros,
donde nunca es de día.
Aún hay algo postrero
mas allá del olvido,
y en tu amor recupero
todo lo que he perdido.
Ni digo que
te quedes ni quiero que
te vayas,
pues soy como las redes
tendidas en las playas.
Arroyo de ternuras,
hazme tuyo en lo mío,
llenando de agua pura mi
cántaro vacío.
Ya mi voz tiene un
eco; ya mi voz no se
pierde...
Por eso el tronco seco
retoña la hoja verde.
Y así mi vida espera
la gracia de un retoño,
como la primavera que
ilumina un otoño.
Por eso, aunque
olvidemos que siempre
hay que olvidar,
¡oye cantar los remos
sobre el dolor del mar!
Tu
nombre
- Jaime Sabines
Trato
de escribir en la
oscuridad tu nombre.
Trato de escribir que
te amo.
Trato de decir a
oscuras todo esto.
No quiero que nadie se
entere,
que nadie me mire a
las tres de la mañana
paseando de un lado a
otro de la estancia,
loco, lleno de ti,
enamorado.
Iluminado, ciego,
lleno de ti,
derramándote.
Digo tu nombre con
todo el silencio de la
noche,
lo grita mi corazón
amordazado.
Repito tu nombre,
vuelvo a decirlo,
lo digo
incansablemente,
y estoy seguro que
habrá de amanecer.
Cultivando tres cosas:
La bondad, la
sabiduría y la amistad.
Buscando tres cosas:
La verdad, la
filosofía y la
comprensión.
Amando tres cosas:
El valor, el servicio
y la caballerosidad.
Gobernando tres cosas:
El carácter, la lengua
y la conducta.
Apreciando tres cosas:
La cordialidad, el
contento y la decencia.
Defendiendo tres cosas:
El honor, los amigos y
los seres débiles.
Admirando tres cosas:
El talento, la
dignidad y la gracia.
Excluyendo tres cosas:
La ignorancia, la
ofensa y la envidia.
Combatiendo tres cosas:
La mentira, el ocio y
la calumnia.
Conservando tres cosas:
La salud, el prestigio
y el buen humor.
-
Autor desconocido
Sembrar
-
Jose Angel Buesa
Alza la
mano y siembra, con un
gesto impaciente,
en el surco, en el
viento, en la arena, en
el mar…
Sembrar, sembrar,
sembrar,
infatigablemente:
En mujer, surco o sueño,
sembrar, sembrar,
sembrar…
Yérguete
ante la vida con la fe
de tu siembra;
siembra el amor y el
odio, y sonríe al pasar…
La arena del desierto y
el vientre de la hembra
bajo tu gesto próvido
quieren fructificar…
Desdichados de aquellos
que la vida maldijo,
que no soñaron nunca ni
supieron amar…
Hay que sembrar un árbol,
una ansia, un sueño, un
hijo.
Porque la vida es eso: ¡Sembrar,
sembrar, sembrar!
Poema del Amor Ajeno
-
José Ángel
Buesa
Puedes irte y no importa,
pues te quedas conmigo
como queda un perfume
donde había una flor.
Tú sabes que te quiero,
pero no te lo digo;
y yo sé que eres mía,
sin ser mío tu amor.
La vida nos acerca y
la vez nos separa,
como el día y la noche
en el amanecer...
Mi corazón sediento
ansía tu agua clara,
pero es un agua ajena
que no debo beber...
Por eso puedes irte,
porque, aunque no te
sigo,
nunca te vas del todo,
como una cicatriz;
y mi alma es como un
surco cuando se corta el
trigo,
pues al perder la espiga
retiene la raíz.
Tu amor es como un
río, que parece más
hondo,
inexplicablemente,
cuando el agua se va.
Y yo estoy en la orilla,
pero mirando al fondo,
pues tu amor y la muerte
tienen un más allá.
Para un deseo así,
toda la vida es poca;
toda la vida es poca
para un ensueño así...
Pensando en ti, esta
noche, yo besaré otra
boca;
y tú estarás con otro...
¡pero pensando en mí!
Tu Nombre - Jaime
Sabines
Trato de escribir en la
oscuridad tu nombre.
Trato de escribir que te
amo.
Trato de decir a oscuras
todo esto.
No quiero que nadie se
entere,
que nadie me mire a las
tres de la mañana
paseando de un lado a
otro de la estancia,
loco, lleno de ti,
enamorado.
Iluminado, ciego, lleno
de ti, derramándote.
Digo tu nombre con todo
el silencio de la noche,
lo grita mi corazón
amordazado.
Repito tu nombre, vuelvo
a decirlo,
lo digo incansablemente,
y estoy seguro que habrá
de amanecer.
Entresuelo
-
Jaime Sabines
Un ropero,
un espejo, una silla,
ninguna estrella, mi
cuarto, una ventana,
la noche como siempre, y
yo sin hambre,
con un chicle y un sueño,
una esperanza.
Hay muchos hombres fuera,
en todas partes,
y más allá la niebla, la
mañana.
Hay árboles helados,
tierra seca,
peces fijos idénticos al
agua,
nidos durmiendo bajo
tibias palomas.
Aquí, no hay mujer. Me
falta.
Mi corazón desde hace
días quiere hincarse
bajo alguna caricia, una
palabra.
Es áspera la noche.
Contra muros, la sombra
lenta como los muertos,
se arrastra.
Esa mujer y yo estuvimos
pegados con agua.
Su piel sobre mis huesos
y mis ojos dentro de su
mirada.
Nos hemos muerto muchas
veces
al pie del alba.
Recuerdo que recuerdo su
nombre,
sus labios, su
transparente falda.
Tiene los pechos dulces,
y de un lugar
a otro de su cuerpo hay
una gran distancia:
de pezón a pezón cien
labios y una hora,
de pupila a pupila un
corazón, dos lágrimas.
Yo la quiero hasta el
fondo de todos los
abismos,
hasta el último vuelo de
la última ala,
cuando la carne toda no
sea carne, ni el alma
sea alma.
Es preciso querer. Yo ya
lo sé. La quiero.
¡Es tan dura, tan tibia,
tan clara!
Esta noche me falta.
Sube un violín desde la
calle hasta mi cama.
Ayer miré dos niños que
ante un escaparate
de maniquíes desnudos se
peinaban.
El silbato del tren me
preocupó tres años,
hoy sé que es una
máquina.
Ningún adiós mejor que
el de todos los días
a cada cosa, en cada
instante, alta
la sangre iluminada.
Desamparada sangre,
noche blanda,
tabaco del insomnio,
triste cama.
Yo me voy a otra parte.
Y me llevo mi mano, que
tanto escribe y habla.
Para
Entonces -
Manuel Gutiérrez Nájera
(poeta
mexicano, 1859-1899)
Quiero
morir cuando decline el
día,
en alta mar y con la
cara al cielo;
donde parezca un sueño
la agonía,
y el alma, un ave que
remonta el vuelo.
No
escuchar en los últimos
instantes,
ya con el cielo y con el
mar a solas.
más voces ni plegarias
sollozantes,
que el majestuoso tumbo
de las olas.
Morir
cuando la luz triste
retira
sus áureas redes de la
onda verde,
y ser como ese sol que
lento expira:
algo muy luminoso que se
pierde.
Morir,
y joven: antes que
destruya
el tiempo aleve la
gentil corona;
cuando la vida dice aún:
"soy tuya",
¡aunque sepamos bien que
nos traiciona!
Amor
- Pablo Neruda
Tantos días, ay tantos
días
viéndote tan firme y tan
cerca,
¿como lo pago, con que
pago?
La primavera sanguinaria
de los bosques se
despertó,
salen los zorros de sus
cuevas,
las serpientes beben
rocío,
y yo voy contigo en las
hojas,
entre los pinos y el
silencio,
y me pregunto si esta
dicha
debo pagarla como y
cuando.
De todas las cosas que
he visto
a ti quiero seguir
viendo,
de todo lo que he tocado,
solo tu piel quiere ir
tocando:
amo tu risa de naranja,
me gustas cuando estas
dormida.
Que voy a hacerle, amor,
amada,
no se como quieren los
otros,
no se como se amaron
antes,
yo vivo viéndote y
amándote,
naturalmente enamorado.
Me gustas cada tarde más.
Dónde estará? Voy
preguntando
si tus ojos desaparecen.
¡Cuánto tarda! Pienso y
me ofendo.
Me siento pobre, tonto y
triste,
y llegas y eres una
ráfaga
que vuela desde los
duraznos.
Por eso te amo y no por
eso,
por tantas cosas y tan
pocas,
y así debe ser el amor
entrecerrado y general,
particular y pavoroso,
embanderado y enlutado,
florido como las
estrellas
y sin medida como un
beso.
Pasatiempo
-
Mario Benedetti
Cuando éramos niños
los viejos tenían como
treinta
un charco era un
océano
la muerte lisa y llana
no existía
luego cuando muchachos
los viejos eran gente
de cuarenta
un estanque era océano
la muerte solamente
una palabra
ya cuando nos casamos
los ancianos estaban
en cincuenta
un lago era un océano
la muerte era la
muerte
de los otros
ahora veteranos
ya le dimos alcance a
la verdad
el océano es por fin
el océano
pero la muerte empieza
a ser
la nuestra.
Poema del olvido - José Angel Buesa
Viendo pasar las nubes
fue pasando la vida,
y tú, como una nube,
pasaste por mi hastío.
Y se unieron entonces tu
corazón y el mío,
como se van uniendo los
bordes de una herida.
Los últimos ensueños y
las primeras canas
entristecen de sombra
todas las cosas bellas;
y hoy tu vida y mi vida
son como estrellas,
pues pueden verse
juntas, estando tan
lejanas...
Yo bien sé que el olvido,
como un agua maldita,
nos da una sed más honda
que la sed que nos quita,
pero estoy tan seguro de
poder olvidar...
Y miraré las nubes sin
pensar que te quiero,
con el hábito sordo de
un viejo marinero
que aún siente, en
tierra firme, la
ondulación del mar.
Nunca
Nunca digas todo lo
que sabes,
nunca hagas todo lo que
puedes,
nunca creas todo lo que
oyes,
nunca gastes todo lo que
tienes,
nunca juzgues todo lo
que ves...
Porque quien dice todo
lo que sabe,
hace todo lo que puede,
cree todo lo que oye,
gasta todo lo que tiene,
y juzga todo lo que ve...
Un día dirá lo que no
conviene,
hará lo que no debe,
creerá lo que no es,
gastará lo que no puede,
y juzgará lo que no es...
* Inscripción enconrada
en las Ruinas de
Persépolis.
Yo Persigo Una Forma
- Rubén Darío
Yo persigo una forma que
no encuentra mi estilo,
botón de pensamiento que
busca ser la rosa;
se anuncia con un beso
que en mis labios se
posa
el abrazo imposible de
la Venus de Milo.
Adornan verdes palmas el
blanco peristilo;
los astros me han
predicho la visión de la
Diosa;
y en mi alma reposa la
luz como reposa
el ave de la luna sobre
un lago tranquilo.
Y no hallo sino la
palabra que huye,
la iniciación melódica
que de la flauta fluye
y la barca del sueño que
en el espacio boga;
y bajo la ventana de mi
Bella-Durmiente,
el sollozo continuo del
chorro de la fuente
y el cuello del gran
cisne blanco que me
interroga.
De
Andrés Henestrosa
Ven a mí, acércate,
acércate más, más
cerca.
Dame tu mano
y por el camino de mi
mano
pásate y éntrate en mi
corazón.
Escucha lentamente
para que
puedas entender estas
palabras
que en mis labios
tiemblan.
Verás mis palabras
caer en el aire,
como si fueran
pequeñas balsas
próximas a naufragar
su contenido.
Acógelas.
Sé tú como una blanda
orilla de mar
a donde mis palabras
recalaran.
Acércate más, más
cerca.
Dame tu mano.
En mis historias
encontrarás
lo que es limpio, lo
que es bello,
lo que transparente
brota de mí
como una flor.
Acógelas, sé tú como
una blanda orilla,
donde mis palabras
recalaran.
Acércate más, más
cerca.
Pero ¡ay de mí!, si
estando tú
en mi corazón, yo abro
los ojos
y te busco en el
viento y en la nube,
y otra vez me
encuentro solo,
completamente solo
bajo el viento.
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