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Poema del Amor Ajeno
-
José Ángel
Buesa
Puedes irte y no importa,
pues te quedas conmigo
como queda un perfume
donde había una flor.
Tú sabes que te quiero,
pero no te lo digo;
y yo sé que eres mía,
sin ser mío tu amor.
La vida nos acerca y
la vez nos separa,
como el día y la noche
en el amanecer...
Mi corazón sediento
ansía tu agua clara,
pero es un agua ajena
que no debo beber...
Por eso puedes irte,
porque, aunque no te
sigo,
nunca te vas del todo,
como una cicatriz;
y mi alma es como un
surco cuando se corta el
trigo,
pues al perder la espiga
retiene la raíz.
Tu amor es como un
río, que parece más
hondo,
inexplicablemente,
cuando el agua se va.
Y yo estoy en la orilla,
pero mirando al fondo,
pues tu amor y la muerte
tienen un más allá.
Para un deseo así,
toda la vida es poca;
toda la vida es poca
para un ensueño así...
Pensando en ti, esta
noche, yo besaré otra
boca;
y tú estarás con otro...
¡pero pensando en mí!
Tu Nombre - Jaime
Sabines
Trato de escribir en la
oscuridad tu nombre.
Trato de escribir que te
amo.
Trato de decir a oscuras
todo esto.
No quiero que nadie se
entere,
que nadie me mire a las
tres de la mañana
paseando de un lado a
otro de la estancia,
loco, lleno de ti,
enamorado.
Iluminado, ciego, lleno
de ti, derramándote.
Digo tu nombre con todo
el silencio de la noche,
lo grita mi corazón
amordazado.
Repito tu nombre, vuelvo
a decirlo,
lo digo incansablemente,
y estoy seguro que habrá
de amanecer.
Entresuelo
-
Jaime Sabines
Un ropero,
un espejo, una silla,
ninguna estrella, mi
cuarto, una ventana,
la noche como siempre, y
yo sin hambre,
con un chicle y un sueño,
una esperanza.
Hay muchos hombres fuera,
en todas partes,
y más allá la niebla, la
mañana.
Hay árboles helados,
tierra seca,
peces fijos idénticos al
agua,
nidos durmiendo bajo
tibias palomas.
Aquí, no hay mujer. Me
falta.
Mi corazón desde hace
días quiere hincarse
bajo alguna caricia, una
palabra.
Es áspera la noche.
Contra muros, la sombra
lenta como los muertos,
se arrastra.
Esa mujer y yo estuvimos
pegados con agua.
Su piel sobre mis huesos
y mis ojos dentro de su
mirada.
Nos hemos muerto muchas
veces
al pie del alba.
Recuerdo que recuerdo su
nombre,
sus labios, su
transparente falda.
Tiene los pechos dulces,
y de un lugar
a otro de su cuerpo hay
una gran distancia:
de pezón a pezón cien
labios y una hora,
de pupila a pupila un
corazón, dos lágrimas.
Yo la quiero hasta el
fondo de todos los
abismos,
hasta el último vuelo de
la última ala,
cuando la carne toda no
sea carne, ni el alma
sea alma.
Es preciso querer. Yo ya
lo sé. La quiero.
¡Es tan dura, tan tibia,
tan clara!
Esta noche me falta.
Sube un violín desde la
calle hasta mi cama.
Ayer miré dos niños que
ante un escaparate
de maniquíes desnudos se
peinaban.
El silbato del tren me
preocupó tres años,
hoy sé que es una
máquina.
Ningún adiós mejor que
el de todos los días
a cada cosa, en cada
instante, alta
la sangre iluminada.
Desamparada sangre,
noche blanda,
tabaco del insomnio,
triste cama.
Yo me voy a otra parte.
Y me llevo mi mano, que
tanto escribe y habla.
Para
Entonces -
Manuel Gutiérrez Nájera
(poeta
mexicano, 1859-1899)
Quiero
morir cuando decline el
día,
en alta mar y con la
cara al cielo;
donde parezca un sueño
la agonía,
y el alma, un ave que
remonta el vuelo.
No
escuchar en los últimos
instantes,
ya con el cielo y con el
mar a solas.
más voces ni plegarias
sollozantes,
que el majestuoso tumbo
de las olas.
Morir
cuando la luz triste
retira
sus áureas redes de la
onda verde,
y ser como ese sol que
lento expira:
algo muy luminoso que se
pierde.
Morir,
y joven: antes que
destruya
el tiempo aleve la
gentil corona;
cuando la vida dice aún:
"soy tuya",
¡aunque sepamos bien que
nos traiciona!
Amor
- Pablo Neruda
Tantos días, ay tantos
días
viéndote tan firme y tan
cerca,
¿como lo pago, con que
pago?
La primavera sanguinaria
de los bosques se
despertó,
salen los zorros de sus
cuevas,
las serpientes beben
rocío,
y yo voy contigo en las
hojas,
entre los pinos y el
silencio,
y me pregunto si esta
dicha
debo pagarla como y
cuando.
De todas las cosas que
he visto
a ti quiero seguir
viendo,
de todo lo que he tocado,
solo tu piel quiere ir
tocando:
amo tu risa de naranja,
me gustas cuando estas
dormida.
Que voy a hacerle, amor,
amada,
no se como quieren los
otros,
no se como se amaron
antes,
yo vivo viéndote y
amándote,
naturalmente enamorado.
Me gustas cada tarde más.
Dónde estará? Voy
preguntando
si tus ojos desaparecen.
¡Cuánto tarda! Pienso y
me ofendo.
Me siento pobre, tonto y
triste,
y llegas y eres una
ráfaga
que vuela desde los
duraznos.
Por eso te amo y no por
eso,
por tantas cosas y tan
pocas,
y así debe ser el amor
entrecerrado y general,
particular y pavoroso,
embanderado y enlutado,
florido como las
estrellas
y sin medida como un
beso.
Pasatiempo
-
Mario Benedetti
Cuando éramos niños
los viejos tenían como
treinta
un charco era un
océano
la muerte lisa y llana
no existía
luego cuando muchachos
los viejos eran gente
de cuarenta
un estanque era océano
la muerte solamente
una palabra
ya cuando nos casamos
los ancianos estaban
en cincuenta
un lago era un océano
la muerte era la
muerte
de los otros
ahora veteranos
ya le dimos alcance a
la verdad
el océano es por fin
el océano
pero la muerte empieza
a ser
la nuestra.
Poema del olvido - José Angel Buesa
Viendo pasar las nubes
fue pasando la vida,
y tú, como una nube,
pasaste por mi hastío.
Y se unieron entonces tu
corazón y el mío,
como se van uniendo los
bordes de una herida.
Los últimos ensueños y
las primeras canas
entristecen de sombra
todas las cosas bellas;
y hoy tu vida y mi vida
son como estrellas,
pues pueden verse
juntas, estando tan
lejanas...
Yo bien sé que el olvido,
como un agua maldita,
nos da una sed más honda
que la sed que nos quita,
pero estoy tan seguro de
poder olvidar...
Y miraré las nubes sin
pensar que te quiero,
con el hábito sordo de
un viejo marinero
que aún siente, en
tierra firme, la
ondulación del mar.
Nunca
Nunca digas todo lo
que sabes,
nunca hagas todo lo que
puedes,
nunca creas todo lo que
oyes,
nunca gastes todo lo que
tienes,
nunca juzgues todo lo
que ves...
Porque quien dice todo
lo que sabe,
hace todo lo que puede,
cree todo lo que oye,
gasta todo lo que tiene,
y juzga todo lo que ve...
Un día dirá lo que no
conviene,
hará lo que no debe,
creerá lo que no es,
gastará lo que no puede,
y juzgará lo que no es...
* Inscripción enconrada
en las Ruinas de
Persépolis.
Yo Persigo Una Forma
- Rubén Darío
Yo persigo una forma que
no encuentra mi estilo,
botón de pensamiento que
busca ser la rosa;
se anuncia con un beso
que en mis labios se
posa
el abrazo imposible de
la Venus de Milo.
Adornan verdes palmas el
blanco peristilo;
los astros me han
predicho la visión de la
Diosa;
y en mi alma reposa la
luz como reposa
el ave de la luna sobre
un lago tranquilo.
Y no hallo sino la
palabra que huye,
la iniciación melódica
que de la flauta fluye
y la barca del sueño que
en el espacio boga;
y bajo la ventana de mi
Bella-Durmiente,
el sollozo continuo del
chorro de la fuente
y el cuello del gran
cisne blanco que me
interroga.
De
Andrés Henestrosa
Ven a mí, acércate,
acércate más, más
cerca.
Dame tu mano
y por el camino de mi
mano
pásate y éntrate en mi
corazón.
Escucha lentamente
para que
puedas entender estas
palabras
que en mis labios
tiemblan.
Verás mis palabras
caer en el aire,
como si fueran
pequeñas balsas
próximas a naufragar
su contenido.
Acógelas.
Sé tú como una blanda
orilla de mar
a donde mis palabras
recalaran.
Acércate más, más
cerca.
Dame tu mano.
En mis historias
encontrarás
lo que es limpio, lo
que es bello,
lo que transparente
brota de mí
como una flor.
Acógelas, sé tú como
una blanda orilla,
donde mis palabras
recalaran.
Acércate más, más
cerca.
Pero ¡ay de mí!, si
estando tú
en mi corazón, yo abro
los ojos
y te busco en el
viento y en la nube,
y otra vez me
encuentro solo,
completamente solo
bajo el viento.
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