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El legado cubano de Obama

Internacional

(Proceso) – A menos de 100 días de dejar el cargo, el presidente Barack Obama ha lanzado una ofensiva final con el objeto de asegurar que los esfuerzos de su gobierno para normalizar las relaciones con Cuba sobrevivan a su presidencia y sean registrados como uno de los avances más espectaculares en los anales de la política exterior de Estados Unidos.

Con grandes fanfarrias, el 14 de octubre Obama emitió una amplia directiva junto con nuevas reglas para normalizar aún más las relaciones y nulificar aspectos clave del embargo económico de 55 años que a la fecha el Congreso controlado por los republicanos se niega a levantar.

Pero lo más importante es que la nueva directiva presidencial ordena, en oposición a una hostilidad perpetua, un compromiso positivo como el modus operandi de la futura política de Estados Unidos hacia Cuba.

“Esta nueva directiva consolida y fortalece los cambios que ya hemos llevado a cabo, promueve la transparencia al ser claros sobre nuestra política y nuestras intenciones, y alienta un mayor compromiso entre nuestros países y nuestros pueblos”, resumió Obama en un comunicado de prensa de la Casa Blanca.

Su directiva, subrayó el presidente, asume “un enfoque que involucra a la totalidad del gobierno para promover el compromiso con el gobierno y el pueblo cubanos, y hacer irreversible nuestra apertura hacia Cuba”.

Un cambio de política irreversible

Desde que el 17 de diciembre de 2014 Obama y Raúl Castro anunciaron un avance en sus relaciones, la reversibilidad del actual acercamiento de Wahington con La Habana ha sido la cuestión principal. ¿Podrían construirse –y quedar firmemente asentados– puentes políticos, comerciales y culturales entre Estados Unidos y Cuba, que permitieran al proceso de normalización resistir a los actuales y futuros enemigos de la reconciliación?

Donald Trump es uno de esos enemigos. En septiembre, convirtió a la política de Obama hacia Cuba en un asunto de campaña, al amenazar con dar marcha atrás a los avances en las relaciones. “El próximo presidente puede revertirlas”, declaró Trump en Miami ante una audiencia mayoritariamente cubano-americana, “y eso es lo que yo haré a menos de que el régimen de Castro cumpla con nuestras demandas”.

La semana pasada, vía twitter, Trump reiteró que él revertirá “las órdenes ejecutivas y las concesiones de Obama hacia Cuba, hasta que las libertades sean restablecidas”.

Descrita por funcionarios estadunidenses como “el manual” para que las dependencias gubernamentales institucionalicen una política de compromiso, la nueva Directiva Política Presidencial (PPD, por sus siglas en inglés) hará más difícil que el próximo presidente pueda dar marcha atrás. Titulada United States-Cuba Nomalization, la directiva de 12 páginas –cuya referencia oficial es “PPD-43”– describe los “objetivos prioritarios para la normalización” y “ordena las acciones requeridas para implementrar esta PPD” que deben seguir todas las dependencias gubernamentales en el futuro. Después de más de cinco decenios de conflicto y distanciamiento, la directiva firmada por Obama resume el considerable éxito de la recoinciliación en menos de dos años:

“Hemos restablecido relaciones diplomáticas y realizamos progresos rumbo a la normalización de nuestra relación bilateral. Abrimos nuestras respectivas embajadas, seis secretarios del gobierno estadunidense visitaron La Habana, cuatro ministros cubanos visitaron Washington, y yo me convertí en el primer presidente en funciones de Estados Unidos que visita Cuba desde 1928. Establecimos una comisión bilateral para priorizar las áreas de compromiso y cerramos acuerdos no vinculantes sobre protección ambiental, santuarios marinos, salud pública, investigación biomédica, agricultura, antinarcóticos, comercio y seguridad para viajar, aviación civil, transporte directo de correspondencia e hidrografía. Emprendimos diálogos o discusiones sobre la cooperación en la aplicación de la ley, temas regulatorios, temas económicos, reivindicaciones legales, y políticas de internet y telecomunicaciones”.

Al mismo tiempo, la PPD de Obama ofrece un repudio presidencial a los pasados esfuerzos por hacer retroceder a la revolución cubana. “No perseguiremos un cambio de régimen en Cuba”, afirma categóricamente. “Continuaremos dejando en claro que Estados Unidos no puede imponer un modelo diferente a Cuba, porque el futuro de Cuba depende del pueblo cubano”.

Más allá de puros y ron

La directiva, junto con las nuevas regulaciones del Departamento del Tesoro que entraron en vigor el lunes 17, generaron encabezados en la prensa por haber quitado el límite de 100 dólares a la cantidad de puros y botellas de ron que los viajeros estadunidenses pueden traer a su regreso de Cuba. “Obama levanta las restricciones al ron y los puros cubanos”, decía la cobertura de USA Today.

Pero la nueva iniciativa abre las puertas a una interacción económica, humanitaria y cultural mucho más amplia. Más aún, redefine algunos de los programas más polémicos de Estados Unidos, relaja las sanciones y sortea el embargo mediante un comercio de dos vías con Cuba. Entre ellas se destacan:

–Por primera vez, Estados Unidos empezará a importar, comercializar y vender medicinas y productos famacéuticos cubanos, en cuanto sean aprobados por la Oficina de Alimentos y Medicamentos (FDA, Food and Drugs Administration).
–Los cubanos con acceso a internet y con opciones de pago electrónico, podrán ahora adquiriron-line una gran variedad de bienes de consumo estadunidenses, desde autopartes hasta aparatos de aire acondicionado.
–El gobierno cubano podrá adquirir ahora a crédito ciertos implementos agrícolas. Las anteriores regulaciones de la era Bush exigían todo el pago en efectivo y por adelantado.
–Para facilitar el comercio naviero entre los dos países, el Departamento del Tesoro eliminó el oneroso requisito de que los barcos foráneos que trasladan bienes hacia Cuba tengan que esperar 180 días para atracar en puertos de Estados Unidos.
–Contratistas y especialistas estadunidenses pueden ahora proveer bienes y servicios en Cuba, para apoyar el desarrollo y el mantenimiento de la vivienda pública, el transporte, la gestión del agua y la basura, la generación de electricidad no nuclear, los hospitales, y las escuelas primarias y secundarias.
–Los estudiantes y académicos que deseen estudiar o hacer investigaciones en Estados Unidos, se beneficiarán de crecientes permisos, becas y reconocimientos.
–El tope de 400 dólares en compras para los viajeros estadunidenses en Cuba ha sido eliminado. En los futuros viajes, éstos serán libres de comprar lo que quieran… ¡incluidos puros y ron!

Al definir la futura política de Estados Unidos, la directiva de Obama también redefine los “programas para la democracia” de la USAID, autorizados por el Congreso, que como operaciones quasi-encubiertas para promover un cambio de régimen han creado constantes tensiones con Cuba e indignación en La Habana. “Programaremos apoyos a la democracia que sean transparentes y consistentes con los programas que se llevan a cabo en otras sociedades con condiciones similares alrededor del mundo”, afirma el PPD.

La transparencia se ha convertido en la nueva palabra clave para la política hacia Cuba. A diferencia de la mayoría de las directivas presidenciales, que están altamente clasificadas, la PPD-43 es un documento excepcional, público y desclasificado. “Acostumbrábamos tener planes secretos para Cuba. Ahora nuestra política está abierta –y disponible on-line– para cualquiera que la quiera leer”, enfatizó la asesora de Seguridad Nacional, Susan Rice, al exponer la nueva iniciativa en el prestigioso Woodrow Wilson Center de Washington.

Durante su discurso, Rice citó un dicho cubano: “Es el mismo perro, pero con diferente collar”. Pero luego argumentó: “Bueno, este es un perro diferente, un verdadero cambio”.

La visión cubana y el embargo

Tras decenios de intervenciones de todo tipo por parte de Estados Unidos, “el mismo perro” es lo que algunos funcionarios cubanos continúan viendo. “No somos tontos. Nos damos cuenta de que la política de Estados Unidos sigue manteniendo el mismo objetivo” de subvertir la revolución, declaró en duros términos el embajador de Cuba en México, Dagoberto Rodríguez, durante una entrevista con Proceso.

Desde el Ministerio de Exteriores en La Habana, Josefina Vidal, quien encabeza las negociaciones de Cuba con Estados Unidos, elaboró una respuesta un tanto más diplomática. La directiva de Obama fue un “paso positivo”, dijo, “pero no esconde el propósito de promover cambios en el orden político, económico y social, ni esconde sus intenciones de desarrollar más adelante programas intervencionistas”.

La semana pasada, cuando las nuevas regulaciones comerciales entraron en vigor, Vidal encabezó una manifestación de varios miles de estudiantes en la Universidad de La Habana para protestar por la continuación del embargo y llamar la atención sobre la próxima votación anual para condenarlo en Naciones Unidas. Varios estudiantes portaban camiseta con un nuevohashtag de twitter: #YoVotoVsBloqueo.

Mientras que la directiva de Obama hace un llamado al Congreso para que levante las sanciones comerciales y declara que “continuaremos trabajando para alcanzar esa meta”, el gobierno cubano saca el mayor provecho de su oportunidad anual de reunir a la comunidad mundial en contra del embargo y denunciar la política de Estados Unidos.

Por 24 años sucesivos, el pleno de la ONU ha condenado abrumadoramente el embargo y las violaciones estadunidenses a la soberanía cubana. El año pasado, la votación fue de 191 a 2, con sólo Israel votando del lado de Estados Unidos.

Cabe la posibilidad de que este año la votación sea de 193 a 0… siempre y cuando Washington y La Habana pudieran ponerse de acuerdo en emplear un lenguaje más temperado en la resolución que reflejara el proceso de normalización en marcha y los esfuerzos ejecutivos de Obama para echar por tierra el embargo. Con el voto de Naciones Unidas programado para el 26 de octubre, la Casa Blanca tiene la oportunidad de hacer un gesto dramático y sin precedentes contra los republicanos en el Congreso.

Estados Unidos podría abstenerse o bien votar en apoyo de una resolución de la ONU en contra de un conjunto de sanciones que Obama preside de manera oficial, pero a las que se opone políticamente. “La opinión del mundo importa”, observó Obama durante una reciente entrevista sobre su política hacia Cuba con The New Yorker. “Es una multiplicadora de fuerzas”, dijo.

Independientemente de cómo Washington votará en la ONU, el acercamiento de Obama con Cuba está destinado a convertirse en un caso de estudio en la historia contemporánea de la política exterior de Estados Unidos. Con el legado de la presidencia de Obama en mente, la Casa Blanca ha posicionado esta nueva iniciativa como parte de un modelo de diplomacia y negociación más amplio, dentro de un mundo siempre peligroso. No es coincidencia que los asesores de Obama programaran la emisión de la nueva PPD en el 54 aniversario del descubrimiento por parte de la CIA de misiles soviéticos de mediano alcance estacionados en Cuba, el inicio de una drámática crisis entre los dos superpoderes a causa de una isla del Caribe, que casi condujo hasta el Armageddon nuclear.

Al concluir la presentación sobre su nueva iniciativa hacia Cuba, Obama expuso las principales lecciones que espera dejar para después de que abandone el cargo: “El progreso de estos últimos dos años, reforzado por las acciones de hoy –dijo– debería recordar al mundo lo que es posible cuando miramos juntos hacia el futuro”.

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