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Megaserenata en Garibaldi

mexico, Titulares

CIUDAD DE MÉXICO.- La música sonó y sonó fuerte: Mariachis, norteños, tríos y jarochos, todos unidos dieron una megaserenata en Garibaldi, para contrarrestar la imagen causada por un tiroteo causado por un grupo criminal que hizo que la plaza se quedara sin turistas.
“En Garibaldi sólo se mata la tristeza”, dijeron los músicos al unísono.
Con sus notas, los músicos pedían a los visitantes, a los turistas, que regresaran.
“Somos afectados de lo que sucedió”, dijo uno de ellos para llamar la atención de quienes lo escuchaban. El 14 de septiembre un grupo de sicarios se vistió de mariachis y mató a siete personas.
Pero este viernes todo fue diferente: a las 9:00 de la noche los músicos se acomodaron en la plazuela, separados unos de los otros sólo algunos centímetros para que sus colegas pudieran extender los brazos y tocar su instrumento. Leonel Lemus, con su traje azul, gritó en representación de sus compañeros “nosotros no somos ningunos asesinos”.
En la primera fila se acomodó y con su mano derecha les hizo la señal a todos para que hicieran sonar los primeros acordes del Son de la Negra. Los demás le siguieron el paso, cantaron, levantaron sus caras para que sus voces se extendieran.
Los visitantes que minutos antes deambulaban se acercaron y sacaron sus celulares para grabar. Garibaldi era fiesta, alegría, vida.
Sólo tres canciones tocaron los mariachis incluida Guadalajara, y luego un silencio que duró pocos minutos y llegaron los norteños, hombres con grandes sombreros y chalecos brillosos. La Puerta Negra fue la primera canción, sencillamente porque es una de las más pedidas.
Flor de Capomo con su coro “tu mi chiquitita, te ando vacilando, te ando enamorando con grande fervor”, provocó que los curiosos que los grababan movieran los hombros y bailaran con sus hijos en brazos y sus parejas. Esa y otra canción fue suficiente.
Después llegaron los jarochos, cinco hombres mayores trajeados de blanco y con sus arpas. Un hombre de gris detrás de ellos no paró de bailar, de gritar “¡Garibaldi vive!”.
Los jarochos y sus pañuelos rojos alrededor del cuello se retiraron y llegaron los tríos, más románticos que cualquier otro. Los jóvenes y adultos que cargaban sus instrumentos, vestidos con trajes negros con camisas blancas, decidieron cerrar con Gema y en una noche más de Garibaldi se escuchó: “Tú, como piedra preciosa, como divina joya, valiosa de verdad; si mis ojos no me mienten, si mis ojos no me engañan, tu belleza es sin igual”.

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